lunes, 15 de marzo de 2010
El último boceto
Ella se inclina sobre él, que siente el aliento cálido tan cerca…demasiado cerca.
Le agarra las manos y las acerca a su cuerpo suave, tierno…y sobre todo irreal.
El cabello sedoso se escurre desde los hombros aterciopelados de ella para tocarle el cuello. De nuevo intenta tragar.
Abre lentamente los ojos, y ella está ahí, sonríe maliciosa y él sabe qué significa esa sonrisa. Saca la lengua rosada y con la punta le lame, casi sin rozar la piel. Le deja húmedos los labios y eso parece real.
Se sienta a horcajadas sobre él, desnuda, perfecta. Él siente la carne de gallina, cómo no desearla, ¡maldita sea!, cómo no querer hacerla el amor. Si tan sólo fuese real…
A pocos pasos la mesa para diseños, cubierta de los bocetos para la nueva novela gráfica que prepara. A pocos pasos están los bocetos blancos, como si no hubiese dibujado nada en esos meses…
jueves, 11 de marzo de 2010
La triste leyenda de...
El que en unos años será Sir Roy Wolfman, pero que ahora es un niño imberbe, se encuentra en su paseo matinal con una figura femenina que, en la lejanía, parece sola y perdida.
Frena su montura y se acerca curioso a esa criatura de cabellos largos y piel azulada, que mira con los ojos abiertos de par en par, temerosa, como agazapándose esperando para atacar.
Él tiende su mano, espera y cuando ella se acerca la sujeta en un abrazo. Murmura que no la va a hacer daño. La ayuda a montar sobre el caballo y galopa a su castillo. Atrás queda el enorme bosque.
La agasaja y la cubre de bondades, la presenta en su pequeña corte, pero a nadie acaba de convencer su extraño color, sus orejas puntiagudas, ni su mirada penetrante, tampoco habla y si lo hace no es para halagar a nadie.
Suben a lo alto de la torre, allí la desnuda, ahora es suya. A cambio la regala los aposentos más altos de la torre. A lo lejos la guerra se acerca y él debe marchar, cuando lo hace la encierra desde fuera allí en lo alto.
Pasan los años entre idas y venidas a la guerra, le crece la barba, ella le da tres hijos: Amor, Fidelidad y Confianza.
Un aciago día él sube a la torre, agarra entre sus manos los cuellos de los hijos y los mata. Nadie sabe por qué, quizá fue por amor a otra mujer, por amor a sí mismo, o por locura. Ella huye, sube las últimas escaleras de la alta torre. Él la persigue no pretende matarla también, se le nublan los ojos de lágrimas… ¿qué ha sucedido?.
Posa los pies desnudos sobre la fría piedra de la almena, mientras Sir Roy se acerca. Ella se lanza al vacío, cae y muere.
Siglos después, la leyenda se transformará, las gentes de aldeas vecinas acoplarán nuevos y distintos cuentecillos de por medio, pero todos conocerán la historia como “La triste leyenda de Sir Roy, el de corazón de pez”
miércoles, 10 de febrero de 2010
Mi piel
Se siente sola y abandonada. Se siente traicionada. Mira el mar y llora. Duele el alma y el corazón.
Siente que algo sangra en su interior, algo que no puede arreglar, que seguirá doliendo. Quiere rugir al horizonte, hundirse entre las aguas.
Él la ha robado su piel de selkie. Lo que la unía al resto de seres amados, a su vida. Él se ha apoderado de ella, la ha hecho suya.
Y ella ya no sabe si él alguna vez la ha amado, porque si la amó alguna vez ¿Por qué la robó su maravillosa, suave y resplandeciente piel de foca?.
Se ha convertido en su esposa selkie, siempre triste, añorando el mar.
Más sobre la leyenda aquí
viernes, 5 de febrero de 2010
Gatito...
Y no puedo evitar ronronear. Y que se me erice el vello. Te clavaría las uñas afiladas si intentases levantarte. Mordería la mano si cesa en las cosquillas.
Así que aguantas hasta que me duermo y mi cuerpo vuelve a ser humano, y no bufo ni maullo.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Avalon maldita
Las olas mecían la barca, balanceaban, acunándome en medio de la nana formada por el chasquido contra la madera del bote.
Cubierta por la capa no cesaba de tiritar de frío. La bruma se acercaba. Sentí la tentación de meter la mano entre las oscuras aguas del lago, pero me daba miedo, como si algo tenebroso fuese a agarrarme y lanzarme a las profundidades heladas.
A lo lejos una canción, que aunque melodiosa y delicada no me tranquilizaba. Alcé la vista y una peña terrosa, coronada por una arboleda abigarrada, despuntaba entre las aguas gélidas.
El bote frenó su lento avance. Una mano blanca, coronada por dedos azules surgió ante mi, bajo mi barquita, tocándola, acercándose a mi. Me mordí los labios. No la toques, no la toques, me murmuraba a mi misma. El corazón desbocado. El aliento convertido en jadeos. Intenté vislumbrar de dónde procedía ese brazo, pero nada se veía bajo la superficie. Quise gritar.
La mano empujó mi bote hacia atrás. Desandaba mi camino mientras se volvía a sumergir. ¡Avalón maldita!, te tuve tan cerca….
domingo, 31 de enero de 2010
Alabada sea la lluvia
Témperas, acuarelas, lápices de colores, carboncillos... cubrían la mesa encima de folios, blocs, lienzos, telas...
Empezó a llover, la ventana se mojaba.
Se había manchado la camiseta, la cara y las manos. El gato se subió sobre un dibujo y se coloreó el lomo de azul.
Suspiró. Tiró el pincel sobre un bote relleno de agua, salpicando. Nada, no salía nada, era como si se hubiese quedado vacía.
Cogió al gato en brazos y salió bajo el agua, descalza. El gato la mordió y lo dejó en el suelo, para que pudiese huir.
La lluvia estaba fría. Caía sobre su piel (plof plof), chocando con el calor de su cuerpo.
Oyó risitas en los recovecos del jardín y sonrió.
- He vuelto.- dijo por fin. Y entonces se asustó. Hacía dos años que no hablaba, que no se sentía a sí misma. Se llevó la mano a la garganta y rió profunda y libremente. Rió hasta que dolió todo su cuerpo, hasta que la lluvia cesó, hasta que empezó a atadecer de verdad.
Decidió que era hora de un baño caliente, de música y de chocolate.
Oh sí, alabada sea la lluvia.
jueves, 28 de enero de 2010
Asi es

Siento un vuelco en el corazón. Me siento así tantos días... Solo puedo dar las gracias a la artista. http://aletavidal.blogspot.com/
miércoles, 27 de enero de 2010
Homenaje en fantasia a W. Collins
El cabello negro en un moño, el pecho constreñido en un corpiño francés, el miriñaque desparramado en el asiento, el frufrú de la seda contra la composición musical.
Su dama de compañía cosía en un silloncito, el perrito faldero reposaba a sus pies.
Tres días y estaría casada. La lluvia se estaba confabulando con el viento, la casa se estremecía. La dama seguía cosiendo, el perrito irguió la cabeza para alzar su oreja. La señorita Hambled golpeaba las teclas del piano cada vez con mayor fuerza, intentando no escuchar el sonido de la furia de la tormenta.
Tres días, la decía el viento. Tres días decía la lluvia. Tres días hermana, gritaban ambos. Pero la señorita Hambled se tapaba los oídos, tarareaba en alto para no escuchar.
Alzando su vestido, corrió a la ventana, la abrió de par en par. La damita asustada la gritaba, allí a lo lejos. El perrito aullaba. Levantando sus manos al aire la lluvia la empapaba, el viento la azotaba.
Llegaron los hombres, que fumaban un puro en la biblioteca. La damita lloraba desconsolada, la ventana abierta, la lluvia escampaba. En el suelo el vestido de seda empapado, el miriñaque roto, los zapatos de terciopelo, el collar, los pendientes… y nada mas.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Chucho....
Chucho se había puesto malo. Vomitó todo su pienso en el suelo, pero no se quejó. Ella no lo vió hasta la mañana, cuando casi lo pisa. Había vomitos por toda la cocina.
El perro estaba tumbado en la alfombra del salón, respiraba lentamente y le salían moquillos de la nariz. Se asustó tanto que se quedó paralizada sin saber qué hacer. Cuando las lagrimas se amontonaron en los ojos se arrodilló a su lado, después de coger el movil para llamar al veterinario y a un compañero de trabajo, para que la ayudase a trasladar a Chucho hasta la clínica. Pesaba muchísimo.
La cabeza le colgaba, los ojillos cerrados, un lígero gemido se coló entre sus colmillos. Suero, agujas, el perro quieto, miradas preocupadas. Espere fuera. Le ingresamos. Vuelva a casa, ya la llamaremos.
Ahora entendía por qué esa noche no la despertó. Regresó a su casa, tan vacía.
lunes, 19 de octubre de 2009
En sueños...
Aún sentía el cuerpo magullado. Su mente ya no distinguía si había descansado o no, pero sabía que pronto no aguantaría el cansancio. En algún momento debería elegir entre los sueños o esa realidad difusa del café mañanero.
Anoche Chucho era un lobo, un gran lobo grisáceo, de enormes colmillos blancos. Anoche ella era un hada, de alas abiertas y vaporosas, de espada en mano, de mirada fiera. Y cómo la gustaba….
Si pudiese conseguir no despertar nunca….